Los que siguen mis historias de rugby saben de mi extensa amistad con el famoso medioscrum y gran amigo Aldée Barriére, apellido célebre en Béziers, donde el estadio del equipo local lleva el apellido de su familia. Nos cuesta estar en contacto, ya sea por la distancia y los usos horarios (Ald es un tipo que se acuesta temprano, siempre muy metódico y prolijo mientras yo termino cenando a medianoche) por lo que conversar es algo placentero pero que se nos dificulta, sobre todo de la forma impersonal que te obligan las comunicaciones a distancia. Siempre recuerdo con alegría nuestras largas charlas ya de retirados del Viejos Juego, sobre todo cuando llorábamos de risa, sobre todo él, que llora de un solo ojo.
Logramos comunicarnos este fin de semana cuando paró un poco su vorágine en su chacra en St. Louis de Provence y prometí visitarlo alguna vez, aunque son cosas que se dicen más con el deseo que con la posibilidad.
Hay dos posturas bien diferenciadas respecto del rugby de XV jugadores. Y es el deseo de que el Viejo Juego crezca. Ahora, ¿qué crezca para dónde? ¿A qué precio? ¿Para qué? Y, como diría El Mosca, ¿con qué necesidad?
Mientras El SRP (Super Rugby Pacific) no puede sostenerse así como está, el rugby neocelandés enfrenta su batalla más dura, ni hablemos de Australia, en Inglaterra tuvieron que bajar a ser 10 equipos en la Premier, Gales desorientado en términos económicos, el rugby “union” queda supeditado a lo que produzcan, en dinero, fundamentalmente UK y Francia, y en menor medida Sudáfrica, Nueva Zelandia y, en mucho menor grado, Argentina.
Nadie está exento de las vicisitudes financieras de cada país. Brasil batalla con su equipo profesional (Cobras), al igual que Paraguay (Yakares) ya que los números no son los esperados, en un torneo que dura apenas 6 meses por una razón de números y cantidad de adversarios. Luego, en Argentina, fue posible que se suban un par de equipos (Tarucas y Capibaras) a los tradicionales Dogos y Pampas más el equipo de Chile (Selknam). Todo un poco endeble, pero razonable dentro de lo que significa trazar el camino inicial. Nadie debería haber pensado que iba a ser fácil.
Quizá uno de los errores más groseros de la World Rugby (WR) es tratar de crecer dando pasos más largos de lo que la pollera permite, y cuando pasa eso, algo se rompe. Crecer, para el rugby, significa dar pasos cortos. No se puede salir a empujar un camión que está sobre barro con un par de personas. Entonces queda que hay que pensar un poco. O mucho. Evaluar responsablemente.
USA es un país que tiene su negocio muy cerrado y tomar posesión ahí requerirá de muchos años, aunque la expectativa sea baja, porque el espacio no se genera. Lo mismo el deseo de los neocelandeses de no viajar hasta América para batallar con los argentinos: su SRP no funciona bien y tendrán que pensar cómo generar ingresos para que el andamiaje del rugby profesional no comience una lenta caída. Claro, Japón es una muestra que donde hay dinero y espacio, algo se puede hacer. Pero requiere de hacer lo que hicieron los japoneses, llenar su liga de figuras que se mezclen con las propias, de alguna manera el camino que hizo Italia y que tuvo que sostener muchos años de no ver la luz para comenzar a instalarse fuera del 6to lugar del Six Nations.
El rugby debe crecer a la velocidad que puede, siempre basándose en los clubes, los principios, la educación y el respeto, sin perder su norte. Y, si hay dinero para generar una liga profesional, ok, mientras sea sana, todo estaría bien. ¿Qué países deberían jugar rugby? Todos los que tienen un espacio para enseñar las reglas y divertirse cumpliendo con lo que siempre pregonamos, disciplina, trabajo, humildad y respeto. El rugby de 7 jugadores no es un buen negocio pero… hay países para los cuales si querés entrar, el rugby de 7 es fundamental, sobre todo el femenino. Y entonces hay que trabajar eso.
Miro España 7 (masculino y femenino) y podría imaginar en algún futuro que podrían subirse a la “tarima”, pero lleva mucho tiempo y requiere de mucha paciencia y del esfuerzo de muchos que no verán los resultados.
¿El enemigo? Los ingresos (buenos) que generan ciertos torneos o giras (Six Nations, Lions, etc.) versus todos aquellos equipos/países que necesitan jugar contra equipos mejores para poder aprender y crecer. Aldée me preguntaba si todo eso es posible. Y lo veo difícil, o al menos, un camino lleno de dificultades.
Nos despedimos, rogando que el negocio no tape el rugby. Y en algún lado, eso ya está pasando.
Marcelo Mariosa
