No hay dudas que Los Pumas han evolucionado en su juego pagando el precio de competir año tras año con equipos poderosos y, hasta el fin del Rugby Championship (2025), han demostrado que no sólo están a la altura, que ya no miran la competencia por la ventana, sino que se sientan a la mesa. Contrariamente a lo esperado, el ranking es algo móvil pero casi estático, porque siempre estamos por ahí, subiendo y bajando en el medio de los primeros ocho sin mayores novedades. Pero, si no hubiéramos evolucionado, vaya uno a saber en qué posición estaríamos.
La mini gira a Australia ha tenido sus bemoles, donde Los Pumas han desarrollado un fabuloso primer tiempo en Townsville, abandonando el control del juego en el segundo. Australia, luego del buen trabajo de su coach, el neocelandés Josef (Joe) Schmidt, que tomó al equipo oceánico en un momento muy malo, está volviendo lentamente hacia algo de su gloria pasada. Quizá, el primer gran golpe de esta “era moderna” del rugby australiano fue golpear la puerta en la casa de los Bokke hace unas semanas atrás. Aún así, el equipo que aparecía como el más débil de los cuatro se encuentra en la cima de las posiciones de este torneo.

El juego en Townsville fue de mayor a menor, y es verdad que la tarea del referee neocelandés Paul Williams y su team no ha sido buena. El propio Felipe Contepomi expresó tras la ajustada derrota que si bien era cierto que la circunstancia del juego llevó a que el equipo australiano triunfara sobre el final, ciertos fallos arbitrales colaboraron para que así sea, detalles aceptados por el equipo de referato como errores en la reunión post partido que se hace para evaluar las decisiones tomadas durante el juego.
Ya sobre el triunfo en Sidney, ajustado nuevamente por razones de juego, una vez más un fallo arbitral errado le “regala” un punto bonus defensivo al equipo local. Quizá lo más increíble sea que el desempeño del árbitro inglés Christophe Ridley vuelve a ser de alguna manera “inconsistente”, copiando las palabras del coach argentino, cuando similares jugadas se cobran de manera diversa, según el devenir del partido. Inolvidable para siempre será el último try de los locales cuando al menos hubo un pase hacia adelante en la última jugada, posiblemente no muy fácil de ver por parte del referee, más fácil debería haber sido para el lineman y claramente imposible de no ver de parte del TMO.

Cuando uno llega hasta acá, siente que el vaivén mental de los jueces tiene que ver con la presión ejercida por los locales, que atraviesan un momento de leve recuperación de una Unión que no podía levantar cabeza a causa del dinero (recordemos que el rugby unión es en Australia el tercer deporte preferido entre los de pelota ovalada) y además cayendo en performance y seguidores. Felipe no es de los que se callan, y aunque puede ser bastante “polite” no deja de decir lo que quiere decir, como cuando hablaba en la cancha con los rivales.
Los Pumas están evolucionando en el juego. La continua intervención de los wines a través de la cancha, la combinación de los momentos y la “tensión” por estar sobre la pelota y la intervención en el punto de contacto se suma a la intención de darle más velocidad a los momentos donde el juego de ataque lo pide. El scrum está siendo más estable y algunos jugadores, como Montoya y Mallía, son verdaderamente del más alto nivel mundial. También hay que hablar de Santiago Carreras, de quien muchos dudaban de su calidad, para mí indiscutible, pero debido a la posición en el juego, y ha demostrado que lo puede hacer perfectamente y al más alto nivel. Aún hay un debe que tiene que ver con la comprensión de lo que está pasando y tomar las decisiones de corregir durante el desarrollo del partido. Australia decidió usar sus viejos métodos de ataque vertical y Los Pumas entraron en esa vorágine sin poder desbaratarla, y eso en ambos juegos. Y precisamente eso, el entender lo que está pasando y cómo solucionarlo, requiere de jugadores que entiendan el juego (no el sistema) que incluye la toma de decisiones a lo largo del partido, y no andar preguntando si tenemos que patear a los postes o no a los ayudantes de campo.

Un equipo tiene madurez cuando no sólo se lleva de una muy buena manera fuera de la cancha, sino cuando tiene un objetivo grupal, comulga y cree lo que dice y propone el entrenador y su equipo, y también cuando dentro de la cancha se escuchan entre ellos ya no sólo para cumplir con el plan de juego, algo fundamental cuando sos el portador de la pelota, sino a la hora de ordenarse y sobre todo, cuando hay que resolver problemas que nos propone el adversario, porque eso ocurre en la “instantaneidad” del juego. Cuando baja la orden desde arriba, pasa por un colaborador que está en el campo, ya pasó el tiempo, y quizá el mensaje no alcance. Lo que hace un equipo maduro es confiar en su compañero para entender cuál es el problema que se está planteando y cuál es el camino de la solución. Para eso no sólo hay que saber jugar rugby, sino entenderlo, saber de espacios, tiempos, fortalezas y debilidades, y resolver todas esas cuestiones en segundos.
Confiar en el de al lado es uno de los pilares básicos que el rugby enseña desde temprana edad, y no todos lo pueden entender. Y escuchar su propuesta, idea o necesidad en medio del juego puede ser la diferencia entre ganar y perder.

Se vienen los sudafricanos, con todo su poderío y deseo de ganar este último RCH. Nos esperarán con fatídica voluntad, luego de dos partidos muy duros contra los de Negro, aunque el último ofreció una diferencia notable. ¿Cómo jugarle a los gigantes africanos y a su juego frontal? Bueno, lo hemos hecho un par de veces, esta vez no será más difícil que las otras, aunque para la segunda parada, hemos cedido la localía por unos necesarios pesos. Se puede ganar, claro, pero habrá que ver cómo nos levantamos todos el día del partido.
A nadie escapa que al final del día, el rugby es un negocio para muchos y que tiene una cantidad importante de empleados a los cuales hay que pagarles, y todo eso a veces se choca de frente contra el Viejo Juego. Y la evolución del juego, si es “caro”, atenta contra uniones como por ejemplo de la Gales. Y si no, vean lo que pasa con el seven-a-side. La rentabilidad es enemiga del rugby amateur. Y cuando los números no cierran, todos sabemos lo que pasa.

El viejo fútbol de la ciudad de Rugby mantiene su belleza, y en Argentina se basa fuertemente en el amateurismo, con todo lo que eso conlleva. Pero ojo, que si la World Rugby no soluciona algunos puntos, en lugar de desarrollar el deporte lo hará implotar, en lugar de hacerlo explotar.
Y claro, las nuevas camadas de referees no ayudan.
No ayudan para nada.
Marcelo Mariosa

Más allá de los referatos (coincido totalmente) con lo escrito, creo que a Los Pumas les falta frialdad para mantener un resultado. Los dos partidos en Australia lo muestran.
Es cierto que soy de una generación que hablar del referee no nos gusta.
Entiendo también que a éste se lo debe respetar como 1° consigna ( aunque no lo merezca ) ya que sin ésta no habría posibilidad alguna de que este deporte se desarrolle.
Dicho esto, son los referees los que tienen que demostrarnos que están a la altura, mostrarnos imparcialidad para que podamos creer que son un sano eslabón en esta cadena de acciones de buena fe que se les exige a todos los que participan en el evento.
Creo en el error, aunque no puntualmente en lo sucedido con el último try en el que considero hay una manifiesta parcialidad, el referee se nos rió en la cara, agrabado por el TMO que incteiblemente combalida el try, 2° risa en la cara.
Pienso en el brutal esfuerzo y horas de entrenamiento que hay detrás, todo el laburo realizado, la expectativa generada, como para que todo vaya a la basura por un simple fallo dijitado.
Este deporte se basa en principios nobles, es hora que los referees se pongan a la altura de éstos.
De esta forma no será necesario hablar de ellos que en definitiva es lo que nos enseñaron.